Homeopatía – N°13
Doctor, Si le doy todo, ¿por qué se
enferma?
Juan C.
Pellegrino
Médico.
Profesor
Titular A.M.H.A.
El Dr. Spitz refiere haber verificado, en 1968, en
lactantes hospitaliza dos, un fenómeno hasta entonces inexplicable. Habían
observado que morían bebés correctamente alimentados y cuidados.
Estudiada la situación, la conclusión fue que, si
bien aquellos disponían de todo lo que necesitaban, carecían de lo que permite
vivir, es decir, el sentirse deseado.
La pregunta inicial generalmente la hacen madres
solícitas y muy protectoras, que se sienten culpables ante las reiteradas
afecciones de sus hijos, dado que, paradojalmente, cuanto más se extreman sus
cuidados peores son los resultados.
El médico homeópata, siempre que pueda, debe
proponer el tratamiento familiar, ya que la salud es el emergente del buen
funcionamiento vital de todo el grupo.
El auténtico médico de familia es aquel que cuida la
salud integral de cada uno de los integrantes del grupo familiar, logrando así
el mejor y más armonioso funcionamiento común.
En general, esta propuesta es bien aceptada.
Otras veces, alguna madre ha dicho: Doctor, no tengo
nada, siempre fui sana, ¿de qué me debo curar? Entonces fue necesario explicar
que ser sano no significa solamente la ausencia de trastornos físicos.
Hay madres con escasa capacidad de sentir amor y,
por ende, de dar afecto, o con afectos muy disminuidos o con una manifiesta
imposibilidad para demostrarlos.
Esto se asocia con indiferencia a todo, aun a lo
placentero y especialmente a sus seres más queridos. Desea estar sola, evita
ver gente y su estado de ánimo se ensombrece con tristeza y ausencia de toda
alegría.
Su temperamento se manifiesta irritable,
especialmente si la contrarían. Demuestra aversión al marido y a toda relación
sexual.
A veces, todo esto se disimula con una gran
dedicación al trabajo, con la necesidad de estar siempre ocupada como modo de
justificar su apatía afectiva.
Esta mujer, aunque no tenga ningún síntoma físico,
no está bien.
Generalmente son madres sobreprotectoras que, aun
deseando hacer lo mejor, actúan como obstáculos en la curación de sus hijos.
Habitualmente esto no es consciente, pero si el
médico homeópata lo detecta puede ser tratado con éxito con el remedio que
corresponde.
Descorrer el velo que cubre lo afectivo es lograr un
cambio de actitud hacia la vida y conseguir la manifestación del deseo como
reacción vital.
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