HOMEOPATÍA – Mayo 1999 – N° 19
Cuando la
alergia es un drama.
Dr.
Juan C. Pellegrino
Médico
Profesor
Titular A.M.H.A.
La
alergia genéricamente como enfermedad clínica puede ser vista como un
padecimiento molesto, lo dramático se presenta cuando altera la vida de quien
la padece, peor aún cuando el acto médico supuestamente liberador actúa como
cerrojo. Porque el médico homeópata, además de enfermedades esencialmente
entiende de enfermos, podemos hacer el siguiente relato: Marcelo, un varoncito
de 8 años, llega a la consulta acompañado de su madre, quien refiere que desde
los 3 años, padece un eczema alérgico, que toma gran parte de su piel y se
agrava durante el invierno provocando picazón intensa que produce graves
lesiones por el rascado.
Por supuesto ha visto ya numerosos dermatólogos y
alergistas. Las pruebas de reacción alérgica siempre han dado positivas para el
pelo de gato, perro y plumas.
Cuando la madre refiere esto, el niño comienza a
llorar desconsoladamente. La madre explica que por prohibición médica, jamás
pudo tener en su casa ninguna mascota, ni ir a casa de chicos que la tuvieran.
Esto le provoca gran tristeza y congoja.
Paradójicamente a pesar de esta limitación, tampoco nunca estuvo bien. El niño
tenía todo el aspecto de un desgraciado castigado por su enfermedad,
sobremedicado y limitado. Hasta aquí el acto médico parecía más un aliado de la
enfermedad que de quien la padecía.
Si el lector se identifica con el paciente se
preguntará qué hacer, ante este nudo no resuelto.
Cambiar totalmente la visión del problema, el niño
no está enfermo por su reacción a pelos y plumas, sino que porque está enfermo
reacciona a ellos y se enferma más aún con la limitación que le imponen.
De su historia de vida surge que alrededor de los 3
años, cuando comienza su enfermedad, sus padres, por razones económicas, se
trasladan a otro país durante 8 meses, quedando el niño al cuidado de su
abuela. Cuando ellos retornan la enfermedad ya estaba instalada, con las
consecuencias ya relatadas.
Profundizando en sus afectos pudimos concluir que el
verdadero nombre de su enfermedad es "sentimiento de abandono", germen
desencadenante de todo el cuadro posterior que lo sumió en el desamparo con
ansiedad y tristeza, manifestándose en la piel con el eczema reactivo a los
alérgenos antedichos. Esto es ver al paciente como una totalidad donde todo
tiene que ver con todo.
Actualmente Marcelo está curado y tiene un cariño
muy especial por su perro atorrante recogido en la plaza, que le ha permitido
completar su curación con la posibilidad de dar y recibir amor.
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